Reyes Magos

Cuando era pequeña y hasta los 8 años viví en Almansa, un pueblo de Albacete en el que aún duermen mis primeros recuerdos. Recuerdo a mi primera amiga del alma, Rosana, y a Sor Presentación, una monja que un día me barrió los pies con una escoba y me dijo que si te barrían los pies no te casabas, recuerdo las clases de baile español y las de ballet, recuerdo el parque que estaba al lado de mi casa, inmenso a mis ojos de niña. Recuerdo las tortas de azúcar que vendían en el mercado central y que mi madre me compraba cada sábado cuando la acompañaba a hacer la compra a primera hora de la mañana.

Recuerdo los paseos con mi hermana Maribel y aquel cuento tridimensional que me regaló después de que yo lo pidiera como deseo, haciéndome creer así que los deseos se cumplen. Y no estaba equivocada…

Y recuerdo aquella noche de reyes, aquella noche en la que hacía un frío terrible y mi madre después de llevarme a la cabalgata en la que un caramelo tamaño piano de cola casi me deja tuerta, me dijo que en una noche tan fría había que ponerle de comer algo a los reyes, que había que ser amable y hospitalario con quien hacía algo por nosotros…

Recuerdo los platos con galletas y turrón, los 3 vasos de leche, las 3 servilletas, las 3 notas dando las gracias…

Recuerdo meterme en la cama nerviosa. Preocupada por si no veían la comida y pensaban que era una desagradecida. Recuerdo no poder dormir. Recuerdo dormirme apretando los puños de pura cabezonería.

Recuerdo despertar e ir corriendo a ver si se habían comido el turrón y las galletas. Recuerdo las migas y los vasos de leche vacíos. Recuerdo respirar hondo y satisfecha…

Ese año me trajeron la bañera de las barriguitas que me parecía todo un prodigio de la tecnología, tú la llenabas con agua por abajo y metías a la barriguita, y al apretar un botón redondo con toda la fuerza que una niña de 7 años es capaz de hacer con el dedo índice salía agua por una manguerita. Increíble no???

Tres días después tuve el dedo hinchado pero tenía a todas mis barriguitas más limpias que la patena.

Y ahora que repaso ese momento, recuerdo como el mayor de los regalos la cara de mi madre, como la que no quiere la cosa, sonriendo con una satisfacción que en ese momento me parecía un misterio y que ahora entiendo…

Y es que supongo que en esta vida hay secretos que merecen la pena ser mantenidos. Invitados a turrón y leche que siempre vuelven e ilusiones que pagaría por mantener.

Gracias mamá. Gracias Tata.

 

 

Photo source: via Myrabel Chan on Pinterest